Opinión

Algunas notas sobre el artículo aparecido en Zigzag sobre Memoria Histórica

En primer lugar pienso que no está de más volver a recordar que la II República fue un régimen legal y democrático que contaba con un parlamento elegido por sufragio universal, en primer término solo masculino extendido el derecho de sufragio después a las mujeres, y con una Constitución elaborada por unas Cortes Constituyentes. Se trató de un régimen tan participativo que hasta el jefe del estado era elegido por métodos democráticos, a diferencia de lo que ocurre en nuestros días.

Resulta evidente que no puede compararse a los que defendieron la legalidad republicana con aquellos que dieron un golpe de estado para cercenarla y establecer una sanguinaria dictadura. Cuando hablo de los que dieron un golpe de estado no me refiero a los que se vieron obligados por las circunstancias a integrar el ejército franquista sino a los que idearon y ejecutaron este acto de traición a la voluntad del pueblo español. No se puede poner en el mismo plano a víctimas y a verdugos.

En segundo lugar también aclarar que toda la serie de comentarios y puntualizaciones que vienen a continuación no pretenden ni justificar ni alabar los crímenes o barbaridades que sucediesen al margen de la legítima legalidad republicana. El objetivo es, bien al contrario, tratar de contextualizar y aclarar algunas de las cuestiones que suscita el artículo. Pienso que es necesario para una comprensión más global de lo que sucedió y como nos lo han contado hasta la fecha.

Para empezar, habría que tener en cuenta algo tan fundamental en un estudio histórico como son las fuentes. En este sentido podemos comprobar cómo la fuente principal para el recuento de la víctimas de la represión republicana, aunque sería más exacto hablar de las víctimas de la represión llevada a cabo por los simpatizantes del bando republicano, es la Causa General. No debemos olvidar que la Causa General no es otra cosa que un trabajo con fines propagandísticos elaborado por el bando vencedor. El propio título completo de la llamada Causa General nos aporta una fotografía muy fidedigna de su verdadera naturaleza “Causa General instruida por el Ministerio Fiscal sobre la Dominación Roja en España”.

El objetivo fundamental de la Causa, que es un instrumento útil de investigación pese a su extrema parcialidad, fue tratar de recopilar el mayor número posible de crímenes y actos execrables cometidos por los republicanos. Ese mismo objetivo cuantitativo hizo que no se utilizasen métodos demasiado científicos a la hora de contabilizar muertes y represiones varias. Así, un modesto paseo por sus archivos, incluidos los referidos a Pinto, nos mostrará que hay asesinados cuyo cadáver no apareció jamás u otros de los que se desconocen los autores concretos, y también podemos comprobar cómo se efectúan imputaciones colectivas o imprecisas .

Hay otra cuestión que es en mi opinión la clave para entender todo este tema: la represión y los actos criminales son efectuados en el caso republicano, en su mayor parte, por milicias incontroladas o como mucho por milicias más o menos adscritas a sindicatos o partidos políticos, mientras que la represión franquista forma parte de un plan elaborado desde instancias estatales, instancias éstas creadas por los golpistas que instauran un nuevo régimen después de su victoria en la guerra. Esto creo que permite dejar claras las cosas en cuanto a la atribución de responsabilidades.

En el artículo se dice que dos alcaldes, Ortiz Lanzagorta y Aguilar Lagos, murieron durante la contienda; eso es, cuando menos, inexacto. Francisco Aguilar Lagos no fue asesinado, con la bendición de los tribunales franquistas, durante la contienda, sino después de ella y víctima del aparato represivo levantado por el franquismo. Esto nos lleva a considerar la importancia del marco temporal: la represión y los crímenes llevados a cabo por los afectos al régimen republicano tuvieron lugar solo durante un período de guerra, mientras que la mayoría de los crímenes y represiones franquistas tuvieron lugar cuando ésta ya había terminado. No me parece este asunto baladí.

Además, la “pluralidad”, por llamarla de algún modo, de la represión del franquismo: asesinato judicializado, asesinato extrajudicial por milicias irregulares o regulares, exilio, miedo, hambre (hasta 1953, durante más de catorce años existió en nuestro país la cartilla de racionamiento) cárceles, muerte en la cárcel por enfermedades, tifus y tuberculosis entre el conjunto de la población por la carestía, depuraciones en la empresa de titularidad estatal o privada, son solo algunos de los ejemplos, no puede compararse con la represión republicana mucho más limitada en el tiempo y en los medios utilizados.

También en el artículo de Zigzag al que me refiero se contabilizan 24 asesinados por personas supuestamente afectas a la república mientras que serían 11 los republicanos asesinados por los franquistas. Se dice también que el investigador Mario Coronas tiene constatados 66 republicanos asesinados si bien no aporta sus identidades, no estaría de más dirigirse a él para ver si puede aportarlas, estoy seguro de que se trata de hechos constatados y comprobables.

De todos modos es absolutamente lógico que el número de víctimas de una parte esté mejor definido, ya que durante más de cuarenta años tanto el homenaje a su memoria como la investigación al respecto han sido fomentados desde el estado, mientras que la investigación sobre las víctimas republicanas ha comenzado desde hace no demasiado tiempo y más bien por iniciativas bien de particulares o bien de instituciones académicas. Además en muchos casos sin apoyo de los poderes públicos o incluso con su firme oposición. La celebración hace poco de las II Jornadas de Memoria Histórica Alcalde Francisco Aguilar Lagos, por ejemplo, ha aportado nuevos datos, como la presencia de un ciudadano de Pinto en la prisión llamada Fuerte de San Pedro en Navarra, así que el “contador” de la represión franquista sigue aún abierto.

Para finalizar, y centrándome en los datos que aportan las fotocopias de los documentos incorporados a la Causa General, considero que hay que hacer una contextualización histórica. En primer término, podemos observar cómo las vaguedades e inconsistencias son numerosas: hay algún cadáver del que se desconoce el paradero, muchos de los crímenes son atribuidos a algo tan difuso como “milicias venidas de Madrid” o se adjudican a grupos de personas sin concretar la autoría.

En segundo lugar, y sin exculpar ni justificar acto alguno, se puede comprobar cómo en los primeros días posteriores a la sublevación (mes de julio) se produce el asesinato de dos religiosos, imputado a milicias de Madrid, y con posterioridad los asesinatos cesan y solo vuelven a reanudarse a partir de mediados de agosto intensificándose a medida que el ejército franquista se va acercando velozmente a nuestro municipio. Tanto lo sucedido en Pinto como en el resto del país tiene mucho ver con la llegada de noticias de la matanza franquista de Badajoz, 14-15 de agosto, y del avance de unas tropas, compuestas en gran número por mercenarios marroquíes a los que se les otorga “carta blanca”, que saquean y asesinan a su paso. Sin entender ese pánico creado entre la población de la zona republicana resulta complicado explicar los motivos de la actuación de milicias descontroladas que se toman la justicia por su mano.

En aras a la concordia y a la paz no se pueden dejar heridas abiertas ni, como decía más arriba, tratar a las víctimas igual que a los verdugos. Nadie pretende reavivar la llama de guerra alguna, pero sin verdad, justicia y reparación esas heridas continuarán supurando y será más difícil que todos nos reconozcamos bajo la misma bandera. Durante muchos años la memoria fue cercenada y las heridas cerradas en falso, tal vez nos debamos preguntar cuáles han sido los efectos de ese intento de ocultar la verdad.

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