Opinión

Equidistancia electoral: Ni de izquierdas ni de derechas

Desde que estalló el movimiento 15M, he oído de muchas formas el lema “ni de izquierdas ni de derechas”. Es un juego trilero bastante oportunista y más en época electoral. Un eslogan de origen fascista con el cual se pretendía embaucar a la clase obrera de aquella época para que abrazaran el movimiento de masas que representaba el fascismo. La tercera vía, también conocida. Es curioso que este lema surja con más fuerza tras la caída del muro de Berlín.

En la actualidad, a parte de los fascistas de traje y corbata, el eslogan es utilizado también por los oportunistas de turno. Los oportunistas siempre plantean problemas de un modo preciso y definido. Siempre se mueven entre puntos de vista que se excluyen mutuamente, esforzándose por estar de acuerdo con unos y con otros reduciendo sus discrepancias a pequeñas enmiendas. Desde luego la esta posición ideológica hace creer que ya no hay una dialéctica ideológica, y por supuesto, política.

En serio, ¿imagináis a alguien que defiende la sanidad pública y a la vez que empresas privadas operen la gestión de la sanidad pública? Son posiciones que se contradicen. ¿Puede alguien defender al trabajador/a explotado/a y a la vez al empresario/a que oprime? ¿Puede plantear medidas en el ámbito laboral que contenten a ambos? Si algo enseña la Historia es que en política los intereses de una clase perjudican a otra. Por eso la historia ha sido una lucha de clases.

Alguien que se defina de izquierdas no puede estar a la par de la lucha y reivindicación con alguien de derechas ya que la concepción del presente político es distinta para ambos. Lo que defiende uno, no lo defiende el otro. ¿Podemos ser equidistante s en materia de apoyar al Estado Palestino? ¿Al Sáhara? ¿Apoyar el bloqueo a Cuba? ¿Apoyar la intervención en Libia y Siria? ¿Apoyar la Reforma Laboral? ¿Apoyar la privatización de la Sanidad y la Educación? ¿Apoyar una Huelga General? ¿Apoyar una Contrarreforma de la Ley del Aborto? ¿Apoyar leyes que favorecen a la banca y a las grandes empresas? ¿Se puede, en serio, ser “ni de izquierdas ni de derechas” en estas cuestiones?

La equidistancia siempre beneficia en la dialéctica a la posición más fuerte. La equidistancia es el estiércol que abona el fascismo y en el que surgen los monstruos. Por ello siempre hay que posicionarse: con los que defienden a los oprimidos o con los que defienden a los opresores. Por ello hay que tomar partido y ser sujeto activo sabiendo que “ni de izquierdas ni derechas” siempre es un “sobretodo ni de izquierdas” que beneficia siempre a la derecha. Quien verdaderamente está preocupado por la situación política toma partido, no tomarlo es parasitismo y cobardía.

Decía Antonio Gramsci que la indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar.

Yo propongo un nuevo lema: “ni trabajador ni empresario”, o “ni machista ni feminista”, o “ni político ni apolítico”. Será por oportunismo para embaucar a los oprimidos y ganar sólo las elecciones.

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Txetxu R.G.

Txetxu R.G.

Politólogo y analista político

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