Opinión

Hacia la Democracia Real

No hay una situación que demuestre mejor lo diferentes que somos que cuando el camarero nos pregunta cómo queremos el café. Están los que lo quieren solo. Cortado. O con leche, entera, semidesnatada o de soja. Fría, templada o muy caliente. Con hielo. Con sacarina, con dos de azúcar, blanca o morena. En taza, en vaso o en una palangana donde te caben los pies. Descafeinado, de sobre o de máquina. Capuccino, con nata, con leche condensada. O para llevar. Y no puede faltar quien pida un relaxing cup of café con leche in the Plaza Mayor.

Todos dirán que se están tomando un café, y en términos generales será así, pero cada uno tendrá un matiz que aportar. De hecho, creo que las personas somos un amasijo de matices que nos hacen únicos.

Somos únicos. Y vivimos en la era de la customización, donde ser único se fomenta: podemos elegir en multitud de aspectos de nuestro día a día para diferenciarnos de los demás, llegando a niveles que podrían hasta considerarse ridículos.

El siglo XXI nos permite elegir a nuestro gusto en casi todo. Menos en las decisiones que de verdad influyen en nuestras vidas: ahí seguimos anclados en el siglo XIX.

El sistema que hay ahora mismo en nuestro país se denomina “democracia representativa”. Un diputado del congreso viene a representar a 100.000 personas aproximadamente. Un concejal del ayuntamiento de Pinto representa a 1.496 vecinos (según los datos de 2011). Es materialmente imposible que 1.496 personas piensen exactamente igual que yo en todos los temas, y 100.000 ni te cuento. Francamente… ¿No nos ponemos de acuerdo en qué café tomar y vamos a opinar lo mismo sobre la totalidad de temas que nos afectan en nuestra vida?

Nadie mejor que uno mismo para representarse a uno mismo.

La tecnología ha avanzado lo suficiente como para que no haga falta que nadie me represente en la toma de decisiones. Al menos si yo no quiero que lo hagan. Y la legislación vigente también lo permite. De hecho, ya lo dice la constitución en su artículo 23.1:

Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.

Si tengo derecho a participar directamente y la tecnología lo permite. ¿Por qué no se hace entonces? No hay voluntad política. Porque los representantes perderían el control. Se convertirían en meros tramitadores de las leyes. ¿Habríamos votado los ciudadanos a favor de los recortes y en contra de nuestros intereses de poder participar directamente en los asuntos públicos como dice la constitución? ¿La congelación de las pensiones y los salarios? ¿Las bajadas de sueldo a los funcionarios? ¿La subida del IVA? Yo creo que no.

A ver, no soy un ingenuo. Sé que ahora mismo la implantación de una democracia directa basada en la tecnología de votación por internet posiblemente no funcionaría. En el mejor de los casos tendría unos niveles bajísimos de participación ya que la gente no está acostumbrada a participar: Después de cuarenta años de dictadura y de otros cuarenta de “modélica” transición en los que no se ha fomentado la participación ciudadana, poder estar directamente en la toma de decisiones podría ser un shock para muchos. Ya lo decía el profesor Sampedro: “Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no tiene ningún valor”, y aunque hay capacidades técnicas para poder representarnos a nosotros mismos en la toma de decisiones, no hay “libertad de pensamiento”, principalmente porque no nos han enseñado a pensar. Han hecho mucho hincapié en destruir el espíritu crítico.

Hace falta que los que recojamos el mandato de los ciudadanos para gobernar a partir de ya mismo tengamos la voluntad política de implicar a la gente en participar en los asuntos públicos. Los pasos tienen que ir encaminados en fomentar cada vez más la participación hasta alcanzar la democracia real.

La democracia directa.

El proceso será largo, y habrá que tomar mucho café mientras tanto. Por cierto: a mí me gusta con leche templada y con azúcar. ¿Y a ti?

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Kike Castelló

Kike Castelló

Escritor y bloguero a ratos, productor guionista y a veces director. Cofundador de Insolentes Bastardos, productora audiovisual gamberra. También Portavoz de Democracia Real Ya Madrid, ex presidente de mi comunidad y buena persona. Ahora número 10 en la lista de Ganemos Pinto para las próximas elecciones municipales. http://www.escaperos.org

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