Opinión

Incumplimientos

En la asamblea que realizó Ganemos Pinto para decidir si se incumplía uno de los puntos de su programa, en el cual figuraba el compromiso de no gobernar si no era la lista más votada, una de las participantes reivindicó el derecho a equivocarse y a rectificar los errores cometidos. Una equivocación y rectificación que no tiene por qué incluir sentimientos vergonzantes. Quizás uno de los cambios más interesantes del proceso político que estamos viviendo consista en la irrupción en las instituciones de “gente de la calle”, es decir, de ciudadanos que no hacen de la política su medio de vida. Y que ni siquiera han pensado alguna vez en ocuparse de la cosa pública. Ciudadanos inexpertos que proceden de sectores muy diversos en edad, profesiones y colores políticos. Una de las características más notables de las mareas y movimientos ciudadanos fue la mezcla de generaciones y tendencias ideológicas que pretendían un objetivo común. Y algunos de sus integrantes han dado el paso a la política.

¿Puede resultar extraño que los programas y decisiones de estos nuevos “políticos” incluyan errores, rectificaciones, cambios de opinión, promesas imposibles e incluso decisiones imprudentes? No se trata de disimular o negar los incumplimientos de programa, como ha sucedido a veces en nuestras implacables tertulias. Si en el Ayuntamiento de Madrid figuraba en el programa la creación de una banca pública y una vez en el poder se considera que no se dan las condiciones para hacerlo, se trata de un incumplimiento de programa y hay que llamarlo por su nombre. Como la decisión tomada en Pinto de gobernar sin haber obtenido la mayoría de los votos. Pero estos incumplimientos constituyen el precio que hay que pagar por una manera de gestionar las instituciones que, es de esperar, introduzca en ellas imaginación, honestidad, defensa de sectores marginados, resistencia a grupos de presión y, en general, usos y costumbres distintos de la política de profesionales a que estamos acostumbrados. Profesionales que, por cierto, son expertos en incumplir sus propios programas y con menos justificación que los recién llegados.

Nunca conviene ilusionarse demasiado, porque después la decepción suele resultar también excesiva. En España se ha producido un cambio importante y positivo en la vida política, con la irrupción de mucha gente que no espera de ella prebendas personales y aporta honestidad, entusiasmo y sentido común. Pero no conviene pedirles demasiado y mucho menos soluciones inmediatas. La inexperiencia tiene sus ventajas y sus inconvenientes y las incoherencias serán probablemente inevitables. Y por ello es necesario evitar también “el sectarismo de lo nuevo”: más de un político con experiencia tiene mucho que aportar en esta irrupción de nuevos actores, y no conviene desperdiciar su aporte por la única razón de haber llegado antes. Pero en cualquier caso son preferibles estos cambios de rumbo antes que la persistencia de rumbos que niegan el cambio.

Augusto Klappenbach

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Filósofo

1 Comentario

  1. Hernando
    27 junio, 2015 at 9:51 am — Responder

    El autor debería conocer la diferencia entre vergonzoso y vergonzante. Es vergonzoso que alguien que escribe en un medio no sea capaz de escribir correctamente.

    Por otra parte, un artículo de opinión excelente.

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