Opinión

Nueve meses para crear… o para destruir

En los nueve meses que ya han transcurrido desde que la alcaldesa de Pinto, Miriam Rabaneda (PP) decretó —sin informes municipales, sin el aval de legalidad del Secretario y de espaldas al departamento de Recursos Humanos— despedir a cuatro trabajadores del Ayuntamiento, entre los que me incluyo, se podría haber engendrado una vida. Nueve meses para crear, en lugar de destruir, porque todo depende, en último extremo, del sentido que le queramos dar a nuestra existencia.

Decía Abraham Lincoln que toda su religión se resumía en lo siguiente: “cuando hago el bien, me siento bien. Cuando hago el mal, me siento mal”.

Yo creo que despedir a cuatro trabajadores por decreto, alegando falsas “causas organizativas”, un viernes por la tarde, a través de la Policía Local e impidiéndoles recoger de sus despachos hasta su firma electrónica, tras 24 y 30 años de trabajo sin tacha alguna en la administración, tiene mucho de maldad y lo dice todo de quien así actúa, por muy cristiana que diga ser.

Ante esta agresión arbitraria y caprichosa, los vecinos de Pinto ya saben que los cuatro trabajadores despedidos hemos interpuesto demandas laborales con el objetivo único de conseguir nuestra readmisión. No dinero de los ciudadanos, sino nuestra readmisión. El primero de los cuatro juicios celebrado fue precisamente el mío. Y ahora sólo resta esperar sentencia.

Así, desde el pasado día 21 de enero, cuando tuvo lugar la vista oral, he podido reflexionar largo y tendido sobre mi actitud y la de mis compañeros frente a estos despidos injustos y sobre la incertidumbre que genera esperar sentencia, como si ésta fuese el “todo o nada” del día del juicio final.

Y no. Ni lo es, ni lo será. Sirva el espacio que me ofrece “La Voz de Pinto” para decirles que, en mi condición de “resiliente” contrastada —tras haber superado un grave accidente de tráfico que a punto estuvo de cercenar la vida de mi hija, la de mi pareja y la mía—, no renunciaré a mi actitud vital frente al resultado de una sentencia, sea el que sea.

Antepongo mis relaciones afectivas a los reveses de la vida. Me reafirmo en mi gran motivación y fuerza de voluntad para seguir siendo capitana de mi destino. Y es imposible que se quiebre la esencia de mi pensamiento positivo, porque tengo sobrados motivos para ser feliz.

He guardado a buen recaudo mis instintos —los que ahora me piden que el Gobierno de Pinto pague por el dolor que me ha causado— para vivir sin ira y con pasión, porque sé que éste es el verdadero combustible de la esperanza, del ingenio y del valor.

Como luchadora incansable, me siento invencible y, junto a mis compañeros Carlos, Reyes y Pablo, tengo muy claro que más pronto que tarde volveremos al Ayuntamiento de Pinto a seguir trabajando en el servicio público.

Créanme si les digo que no es mi futuro laboral ni mi odio las palancas que mueven a diario mi vida. “Cuando hago el bien, me siento bien”. Y eso incluye decir la verdad. No tengo ninguna necesidad de mentir sobre los 130.000 euros que el Gobierno me ofreció antes del juicio por dar por improcedente mi despido y poner fin a la demanda laboral. Lo sé bien porque, a diferencia del Gobierno, yo estaba allí. Por eso sé también que el abogado contratado por el Ejecutivo para hacer frente a la demanda laboral de cuatro trabajadores era un letrado de la firma Garrigues, cuya cuantiosa minuta pagan los vecinos y vecinas de Pinto.

Ni yo ni mis compañeros tenemos la necesidad de mentir. Con la verdad por bandera ya demostramos días atrás que jamás nos ofrecieron recolocación alguna en el Ayuntamiento. ¿Para qué mentir?

Dice el prestigioso psiquiatra Luis Rojas Marcos que la mayoría de las personas, ante la inminencia de su muerte por causas no naturales, se arrepiente del poco tiempo que dedicó a quienes más quería, que les gustaría haber disfrutado más de los pequeños placeres de la vida: de sus amigos, de sus aficiones… Hacen balance de su vida y reniegan de todo el esfuerzo que derrocharon movidos por el odio. ¡Pero lo hacen “in extremis”… y lo hacen tarde, cuando ya no hay remedio!

La ventaja de ser “resiliente” es que ya has pasado por ese camino que algunos aún no han transitado. Y esa ventaja es sustancial, definitiva, para saber que se ha de tener las fuerzas y el coraje suficientes como para no desperdiciar tu vida —ni nueve meses de ella— en fines que tengan por fin la destrucción…, cuando en ese mismo tiempo se puede crear y trabajar por un Pinto mejor para sus ciudadanos. Creo que es lo mínimo que se les debe de exigir a los dirigentes políticos.

Pero allá ellos. En este proceso, lo incuestionable es que, nueve meses después de nuestros despidos, tenemos más fuerza que nunca para hacer frente a esta injusticia y la certeza de que vamos a superar esta adversidad. Porque frente a la maldad con la que han actuado, nosotros hemos optado por la firmeza y la integridad. Y con estas poderosas armas, y despojados del miedo, sonreímos ante las miserias del Gobierno de Miriam Rabaneda.

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Nieves Escorza

Nieves Escorza

Nieves Escorza Muñoz es Socióloga y magister en Administración Publica, así como experta en Calidad de los Servicios Públicos. Entró a trabajar por oposición libre en el Ayuntamiento de Pinto el 2 de julio de 1990. Fue despedida por decreto de la alcaldesa el 9 de mayo de 2014, junto a sus compañeros Carlos, Reyes y Pablo. Pese a ello, los trabajadores municipales los eligieron miembros del Comité de Empresa el 17 de diciembre de 2014, tras integrar la candidatura de Espacio de Participación Sindical (EPS).

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