Opinión

Un país sin memoria: el dinosaurio todavía estaba allí

La desmemoria se decreta propagando el miedo a lo que no debe ser recordado y sin cerrar heridas. El terror y el dolor no pueden ser los pilares que sostengan a ninguna nación. Hay que rectificar, no olvidar.

La dictadura y la homofobia han pasado de ser prácticas oficiales del propio Estado, distintas organizaciones y personajes individuales a ser cosas del pasado por decreto. Y ha colado.

78 años tras el fusilamiento en 1939 del sindicalista Timoteo Mendieta, padre de la joven luchadora Ascensión Mendieta, por fin ha conseguido con tremendo esfuerzo la identificación de su cadáver y su entierro. Ascensión, me imagino, habrá vivido en descarnada primera persona las políticas de amnistía parcial de nuestro querido régimen. Se habla de bandos de la Guerra Civil poniéndolos al mismo nivel, incluso se tiende a colocar a los republicanos en un escalón inferior (o varios). Algo que en términos institucionales no es ya una percepción, hay homenajes al franquismo en las calles de demasiados pueblos y ciudades de España, al tiempo que se condecora y protege de la justicia a los que aún viven. Y es que luchar por la democracia es algo condenable en democracia, al parecer. Pero ya se sabe, llegó el 78, todos eran ya demócratas. Sin embargo, en 2017 es noticia que el Jefe del Estado llame dictador a un dictador, porque el dinosaurio todavía estaba allí.

De la misma forma ocurre, en otra escala, la homofobia en este país. El PP manifestándose con los obispos para denegar derechos a ciudadanos por lo que sienten, así como intentaron usar al Tribunal Constitucional para tumbar el matrimonio homosexual. Nos encontramos también con un Albert Rivera que creía que “llamar matrimonio a una unión homosexual genera tensiones innecesarias y evitables en la sociedad”. Y de repente, en 2017 ambos partidos, PP y Ciudadanos, llevaron comitivas al Orgullo Gay. Sin embargo, el dinosaurio todavía estaba ahí.

Y es que no se trata de estigmatizar y prohibir a las personas y partidos la posibilidad de cambiar de opinión. Se trata de crear cultura colectiva, de dar pasos hacia adelante y no a un lado. Si apoyaste al franquismo y ahora eres un demócrata rectifica, pide perdón y demuestra a la sociedad (sobre todo a otros franquistas) cuál es el camino indiscutible a seguir. Si eras homófobo y ahora estás a favor de los derechos LGTBI, que no son más que los de todos los ciudadanos, rectifica, pide perdón y explica a tus votantes (sobre todo a los más retrógrados) que la igualdad no es una opción, es la norma.

Hasta que eso ocurra, el objetivo de autoproclamarse demócrata o asistir a la manifestación del Orgullo no serán más que movimientos tácticos para atrapar un voto y conservar (aun a regañadientes) otro. Eso mantiene las heridas abiertas aunque el BOE decrete su cierre. Eso hace que el dinosaurio siga estando allí.

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