Opinión

Una máscara por Halloween… y por el resto del año

Esta semana es la semana del terror. La semana en la que sacamos (o compramos, dependiendo como tengamos la economía, o cómo la queramos tener) nuestros mejores disfraces.

Nos estrujamos la cabeza y la perdemos en ocasiones intentando dar con ese outfit perfecto para la noche más terrorífica del año. Sí, estamos hablando de Halloween, la noche de los muertos vivientes. Desde que tengo uso de razón (y sí, la tengo desde hace mucho, aunque no lo parezca) es bastante común que niños, niñas, jóvenes e incluso hasta alguna persona que por diferentes prejuicios dictados por la sociedad ya no esté en “edad” para ciertas cosas, salen a las calles a tirar huevos y a asustar a todo el que pase por su lado.

Pero a día de hoy me resulta muy difícil ver a alguien sin máscara. Las más reconocidas son las que se sacan en Halloween, esta festividad americana que se ha adueñado de nuestra querida población. También se pueden sacar en otras épocas señaladas como cumpleaños, carnavales o fiestas tematizadas. Sin embargo, a diario paseamos entre gente que lleva una preciosa máscara con una cara reconocible y no nos damos cuenta. Nos empeñamos en envolvernos en nuestra propia careta, ésa que continuamente mostramos a través de las redes sociales y que si no llega a determinado número de corazones rojos no nos quedamos a gusto. Nuestro mayor afán es querer demostrar continuamente a los demás lo que somos (o lo que queremos que crean que somos), lo que tenemos, lo orgullosos que estamos de poder subir una historia y que la vean más de 200 personas. Sin haber estudiado interpretación, la mayoría de nosotros nos convertimos en los mejores actores y actrices de nuestra propia película. Una superproducción en la que invertimos dignidad, decencia y respeto y al final acabamos perdiendo todo con una audiencia deplorable.

Los selfies con filtros son los más aclamados por la población, sin darnos cuenta de que lo único que hacen es añadir un filtro más a las diversas capas que ya llevamos puestas desde hace un montón de tiempo. Detrás de cada espectáculo está el backstage con la indumentaria necesaria y los accesorios para complementar la función. Ese backstage es nuestra verdadera realidad, la que da mucho más miedo que cualquiera de los personajes que se empeñan en aparecer en cada 31 de octubre.

Deberíamos replantearnos quién somos en realidad, dejarnos de tantas máscaras innecesarias y mostrarnos cómo somos realmente (acaso tenemos miedo a que nuestro verdadero yo no guste al gran público?). Me incluyo entre las personas que tienen todo tipo de redes sociales y las usan todo el tiempo, así que hablo desde el propio error. Deberíamos pensar si verdaderamente utilizamos máscaras en Halloween o cualquier otro tipo de festividad o si las usamos a diario y las queremos tapar de cualquier manera. Deberíamos dejar de invertir en una superproducción de Hollywood y apostar más por sacar día a día capítulos de nuestra propia vida real.

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Raquel Martín

Raquel Martín

Directora de audiovisuales en La Voz de Pinto

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