Opinión

Una película, una vida, una idea, una experiencia

Para mí, como supongo que para muchos de los que leéis normalmente este periódico, el cine es algo que no se puede describir con palabras. Es una muestra de arte que te transporta desde tu butaca hacia los lugares más inéditos en pantalla. Me hace olvidarme por un momento de todo lo que me rodea y de centrarme solamente en lo que veo en pantalla e incluso de sentirme identificada con algunos de los personajes que aparecen.

Hoy traigo una experiencia que he vivido este fin de semana. Se ha celebrado, dando comienzo el viernes 18 hasta hoy, domingo 20 de noviembre, la primera muestra de cine europeo a través de los premios Lux.  Se trata de una iniciativa que pretende poner sobre la mesa algunas de las mejores películas y muestras de  nuestro cine europeo y debatir sobre temas que nos concierne a todos como ciudadanos. En  esta muestra he podido apreciar dos de las tres magníficas películas que han sido reproducidas de manera inédita en Madrid.

Me gustaría hablar un poco antes de lo que trata este premio LUX. Nace en el año 2007 desde el Parlamento Europeo apoyando a la diversidad de la producción cinematográfica.  Los objetivos que se persiguen con este galardón, que ya va por su décima exposición, son, entre otros, mejorar la circulación de películas europeas y estimular un d debate sobre cuestiones sociales que nos atañen casi directamente a todos nosotros.

Todas las películas se representan en voz original subtitulad acercándonos aún más a nuestro continente. Después de cada película se realizó un interesante debate sobre las cuestiones principales que trataba la película. Personalmente, cada uno de los que pude presenciar me dejaron pensando y pude contar con la presencia de expertos en este séptimo arte que me ayudaron a comprender mucho mejor cada una de las proyecciones.

Á peine jóvure les yeux

2Esta película se proyectó el viernes a las 20:00 horas. Personalmente, fue la que más me impactó y la que más me llamó la atención. Nos cuenta la historia de cómo una joven de 18 años enclavada dentro de Túnez, justo antes de las revoluciones y las primaveras árabes, lucha contra todo lo que se le pone por delante para conseguir su sueño, para hacer lo que ella quiere hacer de verdad.

Me parece especialmente destacable cómo la directora, Leyla Bouzid, pone en pantalla la perspectiva que los jóvenes de esa época vivían; procedentes de una familia acomodada y con unos valores exigidos, luchaban por ser libres, por esas ansias de querer hacer lo que ellos quisieran (como es el caso de Farah, la protagonista).

La protagonista quiere escapar de lo que en su familia se le viene imponiendo desde pequeña, y es que estudie y se forme en Medicina. Lo que ella quiere es cantar en su banda de rock  y  poder hacer lo que nos gusta hacer a todos con 18 años: divertirnos, salir, cantar, bailar, beber.  En la película se refleja casi de manera agresiva la relación que tiene Farah con su madre, Hayet, y mediante la cual también es posible ver y observar el papel de la mujer y cómo el destino de la sociedad de ese país estaba predispuesto. La resignación y el dolor de no poder sentirse libres me hicieron removerme en mi butaca.

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En mi humilde opinión, es una situación que a pesar de haber avanzado ya unos años, sigue estando en auge y que siempre habrá que luchar por ella. Mención de honor por mi parte a Leyla Bouzid por haber creado una obra en la que no sólo las mujeres son principales protagonistas, sino también en la cual nos podemos sentir identificados y totalmente metidos en la situación personal de las protagonistas.

Toni Erdmann

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Esta película es especialmente curiosa y me llamó especialmente la atención cómo esta tratada. La protagonista, Inés, lleva una vida totalmente ocupada con su trabajo de ejecutiva pero todo cambia cuando su padre se presenta sin avisar y le lleva a preguntarse si es feliz de verdad. Desde ese punto, su progenitor no hace más que intentar que su hija encuentre el encauce de su vida disfrazándose de Toni Erdmann.

A través de una narración cómica en puntos clave podemos acceder a la difícil relación padre-hija; el padre en todo momento toma el cartel de payaso con su vestimenta, accesorios y personalidad, provocando la risa inminente entre el público.  Sin embargo, esta actuación cómica no parece agradar del todo a su  hija que incluso se ve incómoda en varias ocasiones cuando e padre decide aparecer bajo el disfraz  de Erdmann.

Sin embargo, no se trata de una proyección cómica, más bien es una película dramática basada en una relación distanciada entre los dos protagonistas y en cómo, a través del papel de la muerte, el padre quiere a toda costa estar al lado de su niña.

En una guerra de toma y dame, la directora Maren Ade ha querido reflejar también, en una segundo plano, las relaciones entre los géneros masculino y femenino. Sin duda, es una película poco convencional y aunque nos deja en su mayoría un buen sabor de boca, las cuestiones que quedan reflejadas son dignas de reflexión interior.

Pues bien, así concluye mi fin de semana en una cita cinematográfica que sin duda no me ha dejado inmune. Invito a todo el que quiera y que se anime a observar estas dos películas y así poder conocer el placer que he tenido yo de disfrutarlas. Se merecen especial agradecimiento el Círculo de Bellas Artes que ha hecho posible esta representación de la primera muestra de cine europeo, y los premios LUX por luchar por un arte que merece la pena.

 

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Raquel Martín

Raquel Martín

Redactora en La Voz de Pinto

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