HistoriaPinto en la historia

¿De dónde viene la expresión “Entre Pinto y Valdemoro”?

En el pasado reportaje hablábamos de las diferentes versiones que sobre el dicho “Entre Pinto y Valdemoro” se encontraban en las bibliografías. La principal y la más aceptada históricamente es la versión popular del borracho que se encontraba entre los dos municipios saltando y tropezando cayó al río diciendo “Ahora estoy entre Pinto y Valdemoro”.  También apuntamos que en 1844 Mesonero Romanos afirmaba que el popular dicho se utilizaba para designar el estado de quien empieza a dar señales de haberse excedido en la bebida.

Gregorio Doval subraya en “Del hecho al al dicho“, que siglos atrás debieron ser los caldos de estas dos localidades (Pinto y Valdemoro) habituales en las tabernas de Madrid, afirmando también otra nueva explicación sobre el origen del dicho. Doval apuntaba que “hay quien afirma que lo que hubo entre  estas dos localidades fue un asilo de dementes, y que la expresión equivalía, originalmente, a “estar loco“. Aunque no hemos encontrado ningún dato que aporte veracidad a esta explicación.

Margarita Candón y Elena Bonnet, autoras de “A buen entendedor…“, apuntaban que el origen de la popular frase se remontaría a la convivencia entre musulmanes y cristianos en la época de la Reconquista. Según las autoras, Pinto fue conquistada por los cristianos antes que Valdemoro y en esta época surgió el dicho. Pero lo cierto es que Pinto fue conquistada en 1083, el mismo año en el que datan la toma de Valdemoro.

Investigamos el origen de la célebre frase: "Entre Pinto y Valdemoro"

Investigamos el origen de la célebre frase: “Entre Pinto y Valdemoro”

Abundancia de viñas

En el anterior reportaje, afirmábamos que en la obra “Memoria Médico-Topográfica de la villa de Valdemoro” escrita por el médico titular D. Anastasio de Lacalle Hernández en 1890, tratando el famoso dicho “Entre Pinto y Valdemoro”, afirmaba que después de mucho indaga sobre su origen, solo encontraba, “de siglos pasados noticia de numerosa viñas, que cuidadas con esmero de fuentes de riqueza, con su frondosidad ocultaban un campo vasto de ambos pueblos, mostrando inmejorable el sabroso fruto, que, transformado en alcohólico néctar, viene deleitando a todas las generaciones que abusan en sus libaciones; acaso hayas venido, legado por la tradición, para probar las excelencias de su calidad, porque su abundancia aun hoy, nos la revelan las numerosas cuevas y bodegas ya perdidas, las muchas abandonadas y la capacidad de las pocas que se usan“.

Un año más tarde, en 1891, Roman Baillo en su obra “Valdemoro” apoya esta misma tesis diciendo que “en los documentos de transmisión de dominio, se vea que la mayor parte de las fincas que ahora se dedican a pan llevar, fuesen antes destinadas a viña.

Emilia Pardo Bazán, en su viaje a la Huerta de Murcia en 1900, también se preguntó por el origen de la frase “estar entre Pinto y Valdemoro” afirmando “rebosará el vino en la comarca que voy cruzando pero lo único que se oye en voz estridente es: “agua fresca”. Y afirmaba que “la luz de la luna descubre en Pinto masas de frondoso arbolado”.

“Entre Pinto y Valdemoro” en la literatura

En la literatura encontramos una comedia en un acto y en prosa llamada Entre Pinto y Valdemoro, cuyo autor es Francisco Pérez Echevarría, en 1871. En teatro también “Entre Pinto y Valdemoro, o la doble vista”, obra escrita en 1851 en verso por Ricardo Puente y Brañas y Fernando Osorio, en la que ambos autores imitan en bufo los juegos del prestidigitador Hermann, que realizaba giras frecuentes por los coliseos españoles. Fue estrenada en 1860 en el teatro de la Zarzuela. En 1956, Florentino Castañeda y Muñoz, quien fuese secretario del Ayuntamiento de Pinto, escribió “Entre Pinto y Valdemoro”.

A continuación les ofrecemos algunos versos donde hemos encontrado la utilización de la popular expresión en el siglo XIX:

“Sabe medir a palmos el terreno;
bien que por experiencia y por instinto
le hiciese Cristo, de impiedad ajeno, inclinado a lo blanco y a lo tinto;
Y como suele consumirlo bueno
en el que llaman parador de Pinto,
aunque camine por Zamora o Toro siempre se halla entre Pinto y Valdemoro.”

El Calesero por Juan Martínez VillergasLos españoles pintados por sí mismos” 1843

En la primera mitad del siglo XIX, el Parador de Pinto, situado en la carretera de Aranjuez, entre Pinto y Valdemoro, era muy popular y muchos viajeros elogiaban el buen estado en que se encontraba. No era muy común encontrar en las carreteras de España un establecimiento como este, en donde, además de un gran aseo y baratura de precio, se hallaba también una bodega bien provista, gran variedad en los alimentos, sin carecer tampoco de otras mil cosas que en lo general inútilmente buscaba el viajero en establecimientos semejantes.

Ilustración aparecida en “Almanaque de los chistes”, publicado en 1870

Ilustración aparecida en “Almanaque de los chistes”, publicado en 1870

“Allá, chorros de vino
brotaban de las cepas, ciento a ciento, a orillas del camino;
y si falto de aliento
llegaba un peregrino,
como era el licor gratis,
y, a más, no se estilase decir sátis, quépale o no quepa,
un cuartillo tras otro se bebía
de jarabe de cepa,
sin faltar al decoro;
luego, a veces, solía
pernoctar entre Pinto y Valdemoro”.

Otra edad de oro, de Ventura Ruíz Aguilera, año 1867

Saldré de aquí entre dos luces

desde una fonda cualquiera,

y entre Pinto y Valdemoro

refrescaré lo que venga.

De Tetuan a Valencia haciendo noche en Miraflores, de Manuel del Palacio en 1865

 

En febrero de 1889 Práxedes Mateo Sagasta realizó un discurso en el Parlamento en el que aludió al famoso cuento de unos jóvenes que discutían dónde pasarían la Semana Santa, cuento del Sr. Alcalá Galiano, para aludir a la postura tomada por el Sr. Portuondo:

Unos jóvenes de familias ilustres, con medios de fortuna, con desahogo de tiempo para ocuparse en aquello que mejor les pareciera, reuniéndose una vez para discutir dónde habrían de pasar más agradablemente la Semana Santa. Después de muchos debates, limitaron sus aspiraciones a dos puntos, decidiendo pasar la Semana Santa en Madrid, o pasarla en Toledo. Los que pretendían pasarla en Toledo, naturalmente alegaban en apoyo de su opinión la solemnidad de las procesiones de Toledo, la misma estrechez de aquellas calles que convida al recogimiento, los monumentos artísticos e históricos de la antigua ciudad; los que, por el contrario, pensaban que mejor podían pasar la Semana Santa en Madrid, alegaban que aunque las procesiones no eran aquí tan buenas, había más elementos de recreo, de distracción, etc., etc. Resultado: que estuvieron discutiendo mucho tiempo sin poder resolver el problema; no salían de esos dos puntos: o Madrid o Toledo; hasta que, por último, vino un Portuondo de las reformas militares y les dijo: “No cansaros. ¿No hay más que dos puntos donde pasar la Semana Santa? Pues no la pasemos ni en Madrid ni en Toledo; vamos a tomar término medio: vamos a pasarla entre Pinto y Valdemoro”.

El señor Portuondo en su turno de réplica rectificó el cuento de los jóvenes, aclarando un punto importantísimo; el de que cuando le refirió el Sr. Alcalá Galiano se trataba de discutir dónde pasarían la Semana Santa, en Madrid o en Aranjuez, cuyo término medio está entre Pinto y Valdemoro, pues de aplicarse a Toledo, la mitad del camino por la antigua línea férrea estaría en Aranjuez. Asimismo, añadió que la aplicación de este cuento resultó ofensiva para la dignidad del Parlamento.

En la prensa de la época también encontramos ejemplos de utilización de la expresión. En el diario El Siglo Futuro de septiembre de 1885 se apuntaba:

“El vicio de la embriaguez que rebaja al hombre al nivel de la bestia, ha adquirido desde hace algunos años un aspecto feroz en nuestra patria.

No pretendemos negar que en los tiempos antiguos hayan existido beodos; pero las mismas frases que usaban nuestros antepasados indican el carácter relativamente inofensivo que tenía la embriaguez. Ponerse alegre, estar a medios pelos o entre Pinto y Valdemoro, eran las palabras que servían para significar el triste estado del borracho, palabras que daban a conocer el carácter de la embriaguez meridional, más bien bulliciosa y alegre, que sombría y pendenciera.”

De la misma manera encontramos una información sobre las fiestas patronales publicada en agosto de 1862 en La Correspondencia de España. En ella se afirma lo siguiente:

En el inmediato pueblo de Pinto se ha celebrado con felicidad la fiesta que anunciamos. La autoridad local, secundando con acierto las disposiciones superiores, ha proporcionado a aquellos vecinos y a las familias de Madrid y pueblos comarcanos que fueron a buscar distracción, unos días de solaz bastante gratos, sin que haya ocurrido desgracia alguna que lamentar, a pesar de la baratura del vino, que no es poco decir, y eso que no faltó gente que estuviera entre Pinto y Valdemoro”.

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Mario Coronas

Mario Coronas

Licenciado en Periodismo y Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid. Técnico Superior en Realización de Audiovisuales.
Dirección general en La Voz de Pinto

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