Opinión

Antonio Hernández: La luz de la poesía

Un jurado presidido por Luis María Ansón, ha otorgado, por diez votos contra uno, el premio nacional de poesía al poeta gaditano afincado en Madrid Antonio Hernández, que ya recibiera, antes del verano, el premio nacional de la crítica.

Antonio Hernández está en el otero de la poesía española; no mira por encima porque sus pies y su corazón son muy telúricos; pero ve, con los ojos que le nacieran en Arcos de la Frontera y con el corazón que le creciera en las pautas vitales del mundo real, también el de la realidad ensoñada, al resto de poetas actuales con una perspectiva de madurez ganada por trabajada. Su poesía resulta del don machadiano, pero también del halo lorquiano, del arrojo y la sensibilidad hernandianas y, sobre todo, de su honestidad como persona y poeta al que encendió el Sur gaditano y al que ha inflamado el mundo cerca de las personas reales, que sienten realmente cuanto Hernández sabe captar, apreciar y poetizar en versos leales a su sentido de la poesía para la inmensa mayoría.

El libro ganador de ambos premios: “Nueva York después de muerto”, no es realmente un libro, sino varios, aunque la temática y el tono confluyan y se distribuyan para crear la simetría que lo hace tan asequible a la persona lectora, y tan irrepetible a otra sensibilidad escritora. Los merecimientos de dos grande poetas: Luis Rosales y García Lorca, las inquietudes sociales y la consolidación de un sentimiento paganamente patriótico en los contrarios representados por la defección yanqui, son líneas de conducción principal de este libro que quedará entre los más grandes.

En todo caso, la lectura de la obra de Antonio Hernández, no requiere una pasión predeterminada, aunque sí una condición aconsejada: saber reconocer las inflexiones con que la “poesía del corazón” transita por la mayor o menor avidez del sujeto lector.

Es un poeta de lo que permanece, de la realidad que no se evapora en distintivos lingüísticos o en aburridas derivaciones argumentales; es un poeta “miliario” desde que, en 1964, publicara el libro “El mar es una tarde con campanas”, premiado en el certamen Adonais de 1963; un poeta que ha marcado camino y que hoy aún no reposa de su largo trayecto como referente de la “poesía del corazón” en concreto y de la poesía necesaria en general. Por eso, leer a este poeta es una de las experiencias más gratificantes no sólo para quien esté ávido de poesía, sino, también, para quien quiera adentrarse en una primera experiencia lectora de este género.

José Luis Esparcia

José Luis Esparcia

Escritor

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