Opinión

¿Cómo es estar en una mesa electoral durante unas elecciones?

  • Esta es mi experiencia como presidente de una mesa electoral en las Elecciones Generales de 2016.

Dentro de unos meses, en mayo de 2019, volveremos a tener elecciones en Pinto. Algunos de los que me leen ahora habrá tenido la oportunidad de estar presente en una mesa electoral. Si no ha sido así, podría tocarte en mayo del año que viene, así que atento o atenta a lo que te cuento:

Eran las 8 de la mañana y, entre desorientación y nervios, los que llevaríamos las riendas de las mesas electorales del Instituto Pablo Picasso en Pinto (Madrid) en estas elecciones generales (26 de junio de 2016), esperábamos a que una representante de la administración dijese nuestros nombres para ir entrando a nuestras respectivas aulas.

Al entrar en el aula, encima de las urnas hay una caja marrón de dimensiones considerables. Yo, junto a mis compañeros de mesa, una chica y un chico de 23 y 19 años respectivamente, nos miramos sin saber qué hacer. Los tres integrantes de la otra mesa del aula, igual.

Entra una señora que nos guiará a lo largo de la jornada junto con la ayuda de los apoderados de los distintos partidos. Nos explica que dentro de esa caja está todo lo que necesitaremos durante el día: lista de votantes, actas de constitución de la mesa, sesión y escrutinio, tanto del Congreso como del Senado, sobres donde iría la documentación una vez acabado el día, manuales, bolígrafos, subrayadores, etc.

Las 9 de la mañana. Empiezan a llegar los primeros votantes. Mi papel como presidente de la mesa consiste en leer en alto el nombre y los apellidos del votante. Luego, un vocal lo busca en el censo de la mesa y lo tacha; después, el segundo vocal apunta en una hoja numerada el nombre, los apellidos y el número que aparece en el censo. Y así durante 11 horas y 414 votantes.

Lo más entretenido de todo, como es de esperar, es observar los distintos comportamientos de la gente que va a votar a tu mesa y a la de al lado: gente que no sabe cómo votar al Senado; otra se acerca con el DNI pero se da cuenta de que todavía no ha cogido los votos; gente que olvida el DNI al votar (pasa más de lo que os podéis imaginar). Cuando cierra la mesa toca introducir los votos por correo y, después, los votos de los que estamos en las mesas.

Como si fuera poco permanecer de 09:00 a 20:00 horas en la mesa electoral con despistados que quieren meter los dos sobres en una misma urna, gente que da golpes a las urnas con los sobres y gritan ¡VOTO! una vez los introducen o interventores preocupados por si hay suficientes papeletas de su partido, ahora llega lo peor: el escrutinio.

El mecanismo de recuento es sencillo: estando el presidente/a y ambos vocales en la sala, y vigilados por algunos interventores de los partidos, se van abriendo los sobres y cantando el nombre del partido de cada papeleta, para que así un interventor lo apunte. El proceso no es nada elegante, los votos acaban en montones de diez en diez y los sobres igual, pero en el suelo. El reto viene después, cuando tienen que coincidir el número de sobres, votantes y papeletas, cosa que no es muy común y la manera de solucionar este problema es poco ortodoxa.

Si contar papeletas para el Congreso tuvo su aquél, contar las del Senado fue peor, ya que se puede votar a diferentes partidos en la misma papeleta, y para el recuento es un lío, ya que hay que apuntar todos los nombres de los candidatos e ir sumando votos uno a uno.

Una vez acabado el escrutinio, toca rellenar las actas de sesión y escrutinio, tanto del Congreso como del Senado. Maldigo, desde aquí y en nombre de todos mis compañeros, la burocracia. Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos… como diría Sabina. A las dos de la mañana, y teniendo que reescribir algún acta porque los interventores y los de la administración se las llevaban sin consultar, por fin se acabó el calvario. Bueno, más bien acabó una vez la policía me llevó a casa desde el juzgado de paz, donde tuve que entregar los sobres con la documentación de la votación.

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Guillermo Rodríguez

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