Opinión

El capital no tiene en cuenta la salud y la duración de la vida del obrero si la sociedad no le obliga a tenerla en cuenta

No pretendo ni mucho menos dar una explicación sobre la célebre cita del filosofo Karl Marx, simplemente me ha venido al pelo para dar titulo a este artículo de mi opinión sobre lo que está aconteciendo en estos días.

Si miramos atrás, no muy atrás, tan solo hace poco más de un mes, cada uno de nosotros vivíamos en nuestra burbuja, nuestra vida era única e intocable, vivíamos sin grandes sobresaltos, para bien o para mal dejábamos todo en manos de los políticos resignándonos (o pasando) a sus decisiones, solo participábamos de la política para lamentarnos de lo que pagábamos en impuestos, sin darnos cuenta que precisamente con ello mantenemos los servicios públicos, base de lo que se ha llegado a definir “estado de bienestar”, pero había una cosa más triste, tal era nuestro grado de resignación (o pasotismo) que nos daban igual los recortes, y claro a día de hoy ha venido un bicho bautizado como Coronavirus y nos ha hecho ver la puta realidad de lo débiles que somos y lo débil de la sociedad en la que vivimos y hemos creado.

Mucho es el tiempo que tenemos en estas fechas, no solo para salir a los balcones y ventanas para aplaudir a todos aquellos que están peleando en primera fila contra este virus con los sanitarios a la cabeza, esos mismos que hasta hace poco salían a las calles denunciando los recortes engordando por el contrario empresas que habían sabido ver en la sanidad pública una fuente de ingresos.
Pues bien, esa resignación (o pasotismo) hoy trae todo lo que estamos viviendo entre ellas las bajas mortales de un buen numero de sanitarios, para ellos sobre todo mi aplauso y mis recuerdos.
Algunos tratan de convencernos (y no faltan voceros) que esas cosas se deben a una deficiente gestión por parte del Gobierno Español. No seré yo el que diga que no ha habido errores en la gestión de esta crisis sanitaria, claro que seguro que los ha habido, como los hubo en China, en Italia, en Francia, y seguro también los ha habido en países donde sus Gobiernos son tan poco sospechosos de ser progresistas o de izquierdas como Inglaterra, Brasil o la madre patria Estados Unidos de América. Igual que seguro los ha habido en todas y cada una de las Comunidades Autónomas de nuestra querida España.

Si una cosa esta clara es que debemos revertir el sistema que teníamos antes de la pandemia, debemos aprender de las debilidades de nuestro Sistema Público de Salud e invertir más en una Sanidad pública 100%, y no estoy predicando en contra de la sanidad privada pero aquellos que quieran tenerla que se la sufraguen sin recurrir al dinero de todos.
También debemos de hablar de otro sector íntimamente ligado a la sanidad en el que también debemos fijarnos, me estoy refiriendo a la investigación científica. No podemos seguir ignorando su importancia y seguir recortando y recortando hasta dejarlo casi en la quiebra económica, sin posibilidad de investigar.
Sector que necesita de las mismas recetas que el de la Sanidad. Ellos son los responsables de investigar como contrarrestar, creando las herramientas eficaces con las que dotar a los Sanitarios para atajar las enfermedades y las crisis sanitarias como la que estamos viviendo.
También dentro del bienestar de las personas el llamado tercer sector, el que se ocupa de aquellos servicios orientados a mejorar el bienestar social de la ciudadanía mediante la atención y apoyo a las personas y los colectivos vulnerables.

Sector el de los Servicios Sociales en el que otra vez no encontramos con las manos negras de la empresas (algunas de ellas constructoras como empresa matriz) que han encontrado en el Sector pingües beneficios.
No en vano, esta crisis está dejando en evidencia algo que caía en la sospecha de todo el mundo, y es que por mucho que lo quieran disfrazar, la finalidad de una empresa es la de ganar dinero, y en este sector no se puede ser diferente. Uno de los instrumentos para ello es la falta de inversión y la “mano de obra escasa y barata”, y así ha ocurrido destapándose residencias donde la falta de trabajadores es evidente, donde (al igual que en sanidad) la falta de material ha quedado claro que no es el que deberían tener…
Otro sector del que conviene debatir si debe seguir como hasta ahora, o las Administraciones Públicas deben acoger en su seno ofreciendo esos servicios de una manera publica 100%. No por ello debemos desechar lo privado en este sector, pero lo mismo que en sanidad y en otros servicios, el que quiera ese servicio privado que lo pueda tener pero sin pedir compensación alguna a “papá Estado”.

En este sentido, sin duda alguna también debemos fijarnos en la Educación pública, ya que no se escapa de rositas en este debate, pues es otro de los sectores en el que se ha visto la falta de inversión pública por parte de las Administraciones. Nuevamente quedan en evidencia los recortes sufridos en beneficio de la inversión privada.
He de reconocer que aquí el debate es más peliagudo ya que está bastante asentado el concepto de “educación subvencionada”, y esto ha llevado a vertientes tan peligrosas como el mantener subvenciones a Centros que no aceptan lo exigido en la legislación vigente, mientras en la Educación publica nos encontramos con recortes en cuanto a profesorado y profesionales para alumnos y alumnas con necesidades especiales, aumento de ratios, etc. Pero si en algo se ha notado esta crisis sanitaria en Educación es en la implantación de nuevas tecnologías que está permitiendo que muchos alumnos y alumnas no puedan continuar de alguna manera sus estudios.
Como he dicho anteriormente aquí el debate puede ser más peliagudo, pero desde mi percepción personal, ese debate se debe dar, y desde luego si queremos aprender de los errores cometidos, la
inversión en educación debe ser mayor. Y desde la percepción de implantar auténticas redes de educación pública, debemos intentar de revertir el tema de los conciertos subvencionados. Una vez más y como ocurre con la mayoría de los sectores, también la Educación es un buen sector para que religiones, además de empresas, obtengan beneficios económicos, y una vez más aquel que quiera educación privada y religiosa que se la pague pero también sin la ayuda del erario público.
Podría seguir con más sectores, pero la verdad es que la broma me está saliendo un poco extensa, y antes de terminar me gustaría detenerme en una cuestión que quizá ha pasado más desapercibida, me gustaría que nos fijásemos de pasada en el sistema productivo.

Y es que ha tenido que venir una pandemia como esta para implantar sí o sí el teletrabajo, no es baladí el debate, pues se están viendo los beneficios de este tipo de producción en aquellos puestos de trabajo en los que se puede implantar. Simplemente me gustaría fijarme en uno de esos beneficios, el del transporte, ya que son muchos los trabajadores que invierten largos periodos de tiempo en acudir al trabajo, sobre todo en las grandes ciudades. Esto supone que, en muchas ocasiones, el empleado llegue a su puesto de trabajo tarde, irascible y cansado, algo que puede influir en su rendimiento.
Y en este apartado conviene recordar que durante el estado de alarma el tráfico ha descendido más de un 60% en las ciudades españolas. Una bajada sin precedentes que ha permitido reducir la contaminación, fijando los valores medios de dióxido de carbono apenas en un 40% del límite fijado por la OMS.

Es decir, de este modo se emplea más tiempo para trabajar y resulta más sencilla la conciliación laboral y familiar, además de contribuir al sostenimiento del planeta.
Lo expuesto en esta opinión no es más qué un granito de arena, seguro que quien se ha detenido a leer esto se le ocurre mas cuestiones, pero lo que está claro es que después de esta crisis sanitaria tenemos que reflexionar y decidir si continuamos con un punto y seguido manteniendo y ahondando en los mismos errores de antes de la pandemia, o con un punto y aparte e intentar cambiar el modelo de sociedad, es decir debemos decidir si queremos que el capital prevalezca sobre las personas o sean las personas las que decidan su futuro.

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Daniel Santacruz

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