Opinión

La bicicleta imparable

Dice Guy Verhofstadt, líder de la Alianza de los Liberales y Demócratas Europeos, que el europeísmo es una bicicleta en marcha. Esto significa que para que la Unión Europea tenga algún sentido necesita moverse. Y está claro cómo debe moverse. Si intentas ir marcha atrás con una bici, te caes. Si intentas ir hacia delante sin pedalear puedes avanzar unos metros si aprovechas la energía cinética de los pedaleos previos, pero si no pones de tu parte, te caes. Mi querida Europa, por desgracia, está haciendo las dos cosas a la vez. Los reaccionarios están intentando acabar con los valores con los que se construyó esta unión y aquellos que anteponen los intereses de su país por encima de la vida de las personas no quieren pedalear. Esto es, si los europeístas no hacemos nada esto habrá acabado.

Vayamos a Grecia, tema en el que nos ganan por goleada aquellos patriotas de pacotilla, aquellos de pulsera con colores nacionales, aquellos que solo usan la boca. Este caso es realmente espinoso. Claro que los griegos no pueden hacer más esfuerzos, pero ¿puede hacer esfuerzos lo que aquí mal llamamos casta? Por supuesto. ¿Han desaparecido, acaso, los privilegios que tiene la iglesia ortodoxa griega, los que tiene el ejército o los que tienen partidos políticos y sindicatos? No. Por otro lado, ¿es cierto que el resto de países europeos han sido demasiado generosos con Grecia, como dice Alemania? Quizás Francia y Alemania deberían aclarar cuánto armamento militar tuvieron que comprar los griegos, por ejemplo, obligados con el primer rescate, siendo su país un lugar ya ultramilitarizado. ¡Qué vergüenza me dan mis líderes europeos cuando dicen que están haciendo lo posible para sacar  a la gente de la crisis cuando lo único que han hecho ha sido ceder ante los poderes económicos mientras se camuflaban bajo la enseña nacional! Ellos hace tiempo que dejaron de pedalear hacia una Europa más unida socialmente, en la que verdaderamente importen sus ciudadanos y no aquellos que siempre han estado acostumbrados a ganar por encima de cualquier tipo de norma moral.

Y hablemos ahora de aquellos que se han montado en la bici para ir marcha atrás, es decir, para tirarla al suelo. Si hay algo que verdaderamente amo de Europa son sus valores y, entre ellos, el de no tener que esconderse bajo un uniforme único para todos. Hablo de la diversidad a la que, en estos días, muchos han plantado cara. Los países europeos nos llevamos mezclando durante más de mil años y ahora nos da miedo aceptar a gente que nos pide ayuda. Leamos la historia. Fue Occidente el que armó y patrocinó a aquellos rebeldes sirios que, en un principio, pedían libertad levantándose en armas contra su dictador. Pero, entonces, ya eran varios los medios de comunicación que alertaban que muchos de aquellos libertadores eran lo que hoy confirma todo el mundo: fanáticos. Nadie hizo caso y ahora estamos donde estamos. Los sirios nos piden ayuda, pero no nos la piden porque ellos no hayan sabido arreglárselas solos, sino porque somos los únicos que podemos frenar a una bestia a la que nosotros quitamos las cadenas. Por mucho que nos duela, Occidente trajo el problema del que ellos huyen. ¿Son nuestros prejuicios tan grandes como para cerrar la frontera a esa gente mientras son acribillados? Ya no se trata de colocarles entre la espada y la pared, sino de ser nosotros esa pared que les obliga a enfrentarse a una espada cuyo acero tiene la marca Occidente. ¿Saben? He leído que un 38% de los que piden refugio en la UE son niños. ¿Son unos niños que huyen de un grupo fanático armado un problema para la UE? Es el momento de que los europeos dejemos de creer que vivimos en un único continente en el planeta y de que asumamos nuestras responsabilidades. Nosotros… Nosotros no podemos mirar para otro lado mientras niños nos piden ayuda. No aceptemos la ceguera para renunciar a nuestros valores. Claro que no podemos abrir las fronteras a discreción, a los miles de millones de personas que hay en el mundo, pero tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados. Es el momento de socorrer, de dar ayuda al que la pide y de acabar con el problema del que ellos huyen. Es el momento de dejar de llorar por la existencia del Estado Islámico y acabar con él. Europa tiene poderío suficiente.

Los europeístas no podemos ponernos de perfil ante esto. No podemos porque nosotros creemos en los valores de diversidad, de libertad, de igualdad y de justicia por encima de las nacionalidades de cada uno. Es el momento de pedalear y de no limitarnos a una mera unión económica en la que los únicos que deciden son aquellos que no quieren cambiar nada. Debemos esmerarnos en crear políticas medioambientales, sociales y de defensa, entre otras, comunes. Estamos en un mundo cuyos problemas son demasiado grandes para que países pequeños los afronten solos. Europa es un ejemplo de solidaridad, de colaboración: no debemos abandonar esto, no debemos perder aquello en lo que sobresalimos.

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Javier Bedmar

Javier Bedmar

Nací en el 94. Progresista, europeísta y católico. Ingeniero de materiales.
No dejemos nada por imposible y no dejemos de sonreír.

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