Opinión

Sin consenso en los colegios de Pinto

Esta pandemia ha puesto de manifiesto las virtudes y los defectos del sistema en que vivimos; por desgracia, no nos ha sorprendido que uno de esos defectos sea la ignorancia y falta de escucha hacia las reivindicaciones de colectivos, vengan de donde vengan. Hace tiempo ya que se nos fue inculcando la perversa idea de que protestar, reivindicar, quejarse, criticar o simplemente opinar en contrario, viene a ser lo mismo que querer perjudicar al sistema y al gobierno de turno, de tal modo que nos hemos acostumbrado a callar y lo que es peor, a desconfiar de las protestas cuando las hay.

En este escenario, un numeroso grupo de familias de alumnos de algunos colegios concertados de nuestro municipio, iniciaron una queja colectiva reivindicando que prevalezca el sentido común y se pongan en marcha las medidas necesarias para que disminuya el riesgo de contagio por COVID-19. La medida de la discordia que ha provocado que a estos padres se los tilde de antisistema, es tan sencilla como que se reduzcan los momentos de entradas y salidas de los centros, evitando así uno de los momentos de mayor aglomeración de personas y por tanto de peligro de contagio; esto, en la práctica, supone hacer jornada intensiva, y conlleva además evitar uno de los momentos de más riesgo de contagio, cuando menores de distintas aulas, rompiendo las burbujas, conviven sin mascarilla en un mismo espacio, esto es, el comedor .

Es importante aclarar que los colegios en cuestión advirtieron a los padres antes de iniciarse el curso que, por motivos sanitarios, este año habría jornada intensiva y que en este caso no hubo protestas. Los padres no se unieron para hacer una queja conjunta en contra de la medida, en cuyo caso habría que haberles escuchado. Pero esto no sucedió.  Entendieron que era una medida prioritaria, e hicieron los cambios necesarios en sus trabajos y vidas para conciliar y afrontar este curso excepcional. Pero al final, el criterio sanitario no es el que ha prevalecido y los padres y madres que reivindicaban sensatez y medidas para evitar ponerse y poner en riesgo a sus hijos, han sido desoídas. Lo han intentado, han tocado todas las puertas que han podido, pero han tenido que seguir con sus vidas, y el relevo debemos tomarlo otros. A nivel municipal, pocos han sido los apoyos que han conseguido. Es tradición ya que el gobierno de turno alegue motivos de falta de competencia o respeto al carácter privado de los centros para no iniciar ninguna acción. En el caso que nos ocupa, tarde y a instancia de nuestro grupo municipal, se escuchó a las partes y se trasladó la queja al que según ellos es el órgano competente, la DAT Sur, dirigida por la oposición en el municipio. Esto, la disputa sin fin y sin provecho para nadie más que para sí mismos, no es lo que buscaban las familias. Las familias votan para elegir gestores capaces que encuentren soluciones audaces, innovadoras, a los nuevos problemas que surgen cada día. Para ver los tradicionales partidos de tenis donde los principales partidos políticos devuelven la pelota al campo ajeno sin buscar solucionar los problemas, para eso ya nos quedamos en casa viendo a Nadal, que sabe hacerlo bien, y es su profesión.

Este inicio de curso, cuando los índices de contagio estaban disparados y a la población se nos ha pedido que seamos responsables y reduzcamos al mínimo e imprescindible nuestras salidas de casa, hemos consentido que más de 700 familias se vean obligadas a circular por el municipio cuatro veces al día, exactamente el doble que las demás. Y aún tenemos la osadía de comentar lo mal que estas familias guardan las distancias de seguridad en las entradas y salidas de los colegios.

La educación concertada supone para muchas familias una solución para conciliar vida familiar y laboral; muchas de estas familias hubieran deseado que este curso la jornada hubiera sido intensiva y no ponerse ni poner a sus hijos en situaciones de riesgo innecesarias. Pero lo peor de todo ha sido la impotencia e incredulidad de, no sólo no ser escuchados por los centros, sino de no ser respetados. La ausencia de hábitos democráticos internos en alguno de estos centros hace que sea impensable un intercambio saludable y necesario de opiniones y criterios entre los padres y las direcciones de los centros. Y mientras esto no cambie, da igual lo que reivindiquen.

Tampoco se han sentido atendidos por aquellos a quienes votaron, que se han limitado a colocar la culpa en campo contrario. Así, cuando haya algo nuevo que reivindicar, cundirá la desgana, la apatía y el desánimo, la sensación de que el esfuerzo es en balde, y la búsqueda de soluciones individuales. Y así, mientras estemos divididos, perdemos la capacidad de ser promotores de cambios sociales. 8 de enero de 2021. Seguimos sin consenso en los colegios de Pinto.