Sociedad

‘Fases’, una mirada a la desescalada en Pinto

Hace más de 250 días, concretamente el 14 de marzo, se decretó el estado de alarma ante el avance imparable de la pandemia provocada por el COVID-19. A partir de ese momento, los españoles nos vimos sumidos en un confinamiento domiciliario que pretendía evitar el colapso del sistema sanitario. Incertidumbre y miedo pueden ser dos palabras que definan esos momentos. Las calles vacías se convirtieron en el reflejo de la lucha contra la pandemia. Un desierto que se convirtió poco a poco en nuestro día a día. Por primera vez, en vez de disfrutar las calles en primera persona, tuvimos que conformarnos con lo que unos valientes nos enseñaban. Con ello, una mezcla de emoción y ganas de vivir se abría paso poco a poco.

Un día Alejandro, cámara en mano, decidió plasmar cómo su pueblo vivía esos duros momentos. Nos cuenta que ardía en ganas de documentar el confinamiento, pero las dudas le inundaron porque era ilegal salir a la calle y porque había, y sigue habiendo, un virus peligroso ahí afuera. Estuvo a punto de no hacerlo, pero se armó de valor, decidió dejar el miedo atrás para, afortunadamente, brindarnos una maravillosa colección de fotografías llenas de momentos, que el confinamiento nos dejó.

Alejandro García-Cantarero tiene 26 años, vive en Pinto desde siempre y se considera un amante de la fotografía, la música y los viajes. Es ingeniero informático y compagina su trabajo con su pasión, la fotografía.

Todo comenzó cuando para un concurso de fotografía en el IES Pablo Picasso le dejaron una cámara. ¿Sabes cómo cuando Ollivander le da la varita a Harry Potter y nota esa sensación de ‘esta es la mía’?, explica. Algo parecido sintió cuando tuvo una cámara de fotos en la mano. Recuerda que a los 18 años le regalaron una ‘réflex’ y, a partir de ahí dio comienzo su autoaprendizaje y desarrollo en el mundo de la fotografía.

El confinamiento le pilló en Santander, y la palabra miedo es recurrente a la hora de expresar lo que sintió al encontrarse en una ciudad lejos de casa. Cogió un tren antes de lo previsto por miedo a que cerraran la Comunidad de Madrid y volvió a Pinto. Operaron a su madre y recuerda que no podía estar con ella, ni siquiera saber de ella. Lo consiguió gracias a un móvil que la dejaron a escondidas. Una vez su madre volvió a casa, los días –afirma- pasaron más y más rápido. Los principales recuerdos que tiene de los 99 días de confinamiento son los emotivos aplausos a los sanitarios, los domingos de vermut por videollamada, los conciertos en redes sociales y el ver a sus abuelos a través de una pantalla del móvil.

La pasión por la fotografía le llevó a ver que un fotógrafo empezó a retratar los momentos de la desescalada y decidió hacer su pequeña versión. Tras intentar ponerse en contacto con el Ayuntamiento de Pinto para comentarles su propuesta y no recibir respuesta, aprovechó una de sus salidas durante el confinamiento, que fue a comprar el pan, para documentar las calles entre su casa y la panadería. Al ver que la gente recibía con cariño la iniciativa, siguió realizándola. Recuerda que la gente le pedía, desde las ventanas, que les hiciera fotos. También le propusieron dar más color a las fotografías según avanzaban las fases de la desescalada y así lo hizo, cámara en mano avanzó hasta el Centro Comercial más cercano para continuar con la colección.

Ver de nuevo las fotografías le ‘pone la piel de gallina’ y piensa que, a pesar de ser un momento triste, muy oscuro, sin vida y trágico, era único. Para él, Pinto siempre ha estado lleno de vida y, verlo así, partía hasta el corazón más frío. Cada vez que recuerda esos días a través de sus fotografías siente un vacío y una tristeza difícil de describir. También nos cuenta que sus abuelos, que llevaban sin ver esas zonas desde el mes de enero, les costaba ver lo que veían.

Por último, nos adelanta que su intención, una vez se normalice la situación, es montar una exposición para devolver ese ‘favor’ al pueblo que ha ‘posado’ tan bien para él.