Cultura

Antonio Muñoz Molina recibe buena acogida en Pinto por la presentación de su nuevo libro

Escucha los Sonidos de la Vida. Soy todo oídos. Escucho con mis ojos. Escucho lo que veo en los anuncios y en los titulares de los periódicos y en los carteles y letreros de la ciudad. Voy viajando a través de una ciudad de palabras y voces“. Así comienza la nueva novela del autor de El jinete polaco y El invierno en Lisboa o la obra ensayística Todo lo que era sólido, si es que se le puede llamar novela, ya que se compone a base de pequeños ensayos sobre la vida cotidiana, las calles y lo que estas nos cuentan atolondrando nuestros sentidos con mensajes que nos tratan de ‘tú’ pero se refieren a cualquiera que los lea.

Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956) es de esas personas a las que la fama no les baja las reservas de humildad. El galardonado escritor y periodista natural de Jaén visitó ayer la Casa de la Cadena en Pinto para presentar, acompañado del escritor Guillermo Roz, su nueva obra, Un andar solitario entre la gente. Un título confuso que encuentra su germen en la obra de Camöes, Quevedo y Joyce, este último imprescindible en el discurso de Muñoz Molina. Habla de él como si lo conociera, como si pudiese intercambiar palabras con él, supiese dónde vive (aunque sea en muchos sitios) y cómo camina. Y es que este libro va de eso: de caminar, deambular, de encontrarse con lo que nos busca estando inmóvil, siempre en el mismo sitio.

El autor de Beatus Ille habla de las bibliotecas con real fascinación. De pequeño las descubrió en busca de lecturas que amenizaran su existencia -hasta entonces breve- y fascinado entonces por un espacio tuyo y a la vez de todos, propio y de los demás, donde puedes acceder a libros que devorar y después intercambiar por otros. El negocio perfecto. Él creía con tierna inocencia que en las bibliotecas habría escritores dignificando su oficio, pero descubrió que en esas escaleras no había nada de eso. Recuerda con cariño la Biblioteca Pública de Nueva York, donde tanto tiempo ha pasado trabajando, en un refugio de calma y paz en una ciudad que no descansa y que fue su media casa cuando trabajaba de profesor invitado en el Instituto Cervantes.

“¿Cómo cuentas una sociedad que se basa en el desecho?”, se preguntaba Muñoz Molina ayer en el salón de actos de la Casa de la Cadena, sentado al lado de Roz que, ligeramente girado, le miraba con atención y la barbilla apoyada en su mano. Este libro parece una acumulación de sobras literarias, pero colocadas con mucho cuidado y cariño para conseguir un perfecto collage de ideas, eslóganes, reflexiones y conversaciones -principalmente ajenas-. Es como un Gran Hermano al revés, un paisaje orwelliano dado la vuelta, una mirada que observa no para aprehender, sino para replicar.

“Quería contar lo que estaba pasando en ese momento, como un fotógrafo que sale a la calle”, decía ayer Molina. Y es que eso de “salir a la calle” es imprescindible en esta obra, su ingrediente principal. “La manera de caminar y los itinerarios de una persona refleja su vida”, afirmaba el escritor. Hablaba de deambular como redefiniendo el término, dejando de lado la definición de perder el tiempo y abriendo paso a descubrir e investigar. Muñoz Molina deambula para redibujar la realidad, para pintar un cuadro en constante movimiento, como una fotografía borrosa llena de información.

“Los cambios de domicilio son importantes, no es lo mismo escribir sentado que cambiar todo el rato de sitio”. Y es que Molina sabe de lo que habla: “deambular está al alcance de todos, viajar no. Cuando escribía el libro me iba a deambular y me decía: ¿qué más puedo pedir?”. Valora caminar sin rumbo fijo como el respirar, como despertarse cada mañana. En Un andar solitario entre la gente -cuyo título ya va adquiriendo más sentido- hay una “reivindicación del silencio, estar de verdad presente en un sitio un rato, el refugio en la amistad y el amor”. “Uno aspira a que el silencio se note en lo que hace. Aprender a no decir”. Es una defensa de “la soberanía de las personas, de la quietud y la autonomía del ser humano”.

Antonio Muñoz Molina es una reivindicación de la literatura, de la habilidad, de la conversación como arte. Y es que el escritor es de esas personas que te atrapan en su discurso y no te sueltan hasta que se aseguran de que te ha cambiado, aunque sea solo un poco, tu manera de mirar las cosas. Él se queda satisfecho sabiendo que también has aprendido del silencio.

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