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Diferencias entre préstamos personales y créditos

El lenguaje económico siempre ha resultado particularmente complejo para aquellas personas que no están especializadas en dicha disciplina. Sin embargo, en los últimos años las páginas de los periódicos y los telediarios han comenzado a mencionar una serie de términos económicos de manera habitual, no siempre comprensibles por los lectores y espectadores. Palabras como euríbor, créditos o expresiones como la prima de riesgo, los préstamos personales rápidos, etc. están a la orden del día y no siempre entendemos su significado o los aspectos que diferencian unas de otras.

Dos de los términos que más difícil nos resulta distinguir son: préstamo y crédito. Además, cada uno de ellos presenta conceptos derivados, fruto de los nuevos métodos para adquirirlos (créditos rápidos, préstamos rápidos, etc.). En este artículo, daremos unas cuantas claves para que estos dos conceptos, préstamos y créditos, resulten un poco más claros. Para ello, empezamos por su definición:

¿Qué significan estos términos?

  • Los préstamos personales: implican una operación financiera en la que una entidad (financiera) ofrece una cantidad de dinero determinada al comienzo de la operación, generalmente de manera inmediata tras realizarse la solicitud. A cambio, la persona que solicita tal suma deberá comprometerse a devolver esa cantidad prestada con los intereses correspondientes en un periodo concreto. Se trata de una manera de obtener dinero en cualquier momento, por eso a menudo escuchamos la expresión dinero rápido.
  • Un crédito: es una cantidad de dinero que una entidad bancaria ofrece al cliente, pero, a diferencia de los préstamos, esta no se produce al principio de la operación, sino que se va a ir realizando en entregas parciales a petición del cliente. Uno de los métodos más frecuentes para obtener uno de estos productos es a través de la tarjeta de crédito, un sistema que nos permite poder manejar una cantidad de dinero concreta de la que no disponemos, y a cambio tendremos que pagar un porcentaje de intereses proporcionales a la cantidad manejada.

Pero ¿qué más diferencias presentan?

Las dos definiciones que acabamos de citar nos dan algunas de las claves para entender qué distingue un crédito de un préstamo personal, pero, ¿Qué más diferencias existen entre ellos en la práctica? ¿Qué elementos los caracterizan?

  • Solicitud de un crédito o un préstamo: uno de los términos derivados de los créditos más frecuentes en la actualidad entre los españoles son los créditos rápidos online. ¿Qué quiere decir esto? Pues que la persona que lo desee puede solicitar un préstamo por internet, sin que sea necesario presentar ciertos documentos, como por ejemplo ni una nómina, ni un aval. El hecho de ser solicitado a través de la red hace que el proceso de adjudicación del dinero sea casi inmediato, sin apenas trámites. En general, basta con presentar una copia del DNI o de la tarjeta de residencia, junto con los datos de la cuenta bancaria en la que se desea recibir el dinero y certificar que el solicitante es menor de edad. El concepto crédito rápido se vincula a menudo con los préstamos personales online, que también permiten conseguir una cantidad determinada de dinero de forma instantánea.
  • El tipo de intereses: en el caso de los préstamos, solo existe un tipo de interés que deberemos pagar y que es proporcional al dinero que hemos adquirido en el momento de firmar el acuerdo. En los préstamos, los intereses se pagan de manera regular hasta que se produce la devolución total del dinero. Sin embargo, en los créditos el interés se paga puntualmente y este se corresponde con un porcentaje de dinero que tomamos en un momento concreto.
  • Las cantidades monetarias: los préstamos tradicionales suelen implicar cantidades de dinero importantes, como es por ejemplo el caso de las hipotecas destinadas a la compra de una vivienda. Esto no debe confundirse con los préstamos rápidos, en los que las cantidades se adquieren de manera rápida y suelen ser, por ello, reducidas. En el caso de los créditos las cantidades de dinero son inferiores a las de los préstamos. No suelen estar destinadas a inversiones a largo plazo, como en el ejemplo anterior, sino a sucesos inesperados: una avería del coche, un electrodoméstico que se estropea, una fuga en casa…
  • La devolución del dinero solicitado: cuando hablamos de préstamo, a menudo significa que la devolución del dinero se realizará a largo plazo, algo contrario a la devolución de los créditos que suele efectuarse en periodos más cortos de tiempo.

En definitiva, si tenemos dudas entre elegir un crédito o un préstamo, o entre algunos de los productos derivados, lo mejor es que analicemos nuestra situación personal: ¿Qué cantidad de dinero necesitamos? ¿Se trata de una suma importante o reducida? ¿A qué va a ir a ir destinada? ¿Cuándo tiempo necesitamos para poder devolverla? ¿En qué plazo de tiempo necesitamos adquirirla? ¿Tendremos más liquidez en el futuro o mantendremos nuestros ingresos? Todas estas preguntas nos harán inclinarnos por uno u otro producto.

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Redacción La Voz de Pinto

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