Opinión

A esos alumnos frustrados

Comienza el curso, comienzan los nervios, la ilusión, la vuelta a la rutina…pero esta vez con algo más, la incertidumbre y cambios, cambios que no solo afectarán a nuestra vida académica, sino a la de nuestro entorno, nuestra vida personal, la salud nuestra y de nuestras familias. Este entorno es imprescindible y decisivo por tanto, de nuestra productividad y concentración en nuestra vida académica. Es inevitable pensar en la exigencia a la que los alumnos están sometidos, esa presión ya recurrente y presente cada año escolar, pero que este lo estará aún más. Las consecuencias de la situación sanitaria actual, deja impactos graves en las familias, principal apoyo y entorno del alumnado. Cada día, familias de distintas zonas de España, son desahuciadas. Cada día, padres y madres luchan por que sus hijos tengan una comida, una cena y un desayuno. Las nuevas tecnologías, impactan ahora más que nunca en nuestras vidas, pero con la desventaja de la situación económica de las familias; familias sin otra salida que limitarse de necesidades primarias para adquirir un dispositivo para las clases de su hij@. 

Durante mi etapa escolar, escuché, impactada, una frase de una profesora, que dijo exaltada: ¡Pero de qué os quejareis, si vuestros padres os lo dan todo hecho!, solo tenéis que estudiar. Al escuchar eso, se me vinieron bastantes cosas a la cabeza, pero sobre todo, una gran indignación. Indignación, en primer lugar, por suponer que el único deber de un alumno, sea para con los estudios; y en segundo lugar, deducir y asimilar una estabilidad por parte de los padres hacia los hijos, que no siempre es cumplida. Padres y madres, solteros, separados, monoparentales, familias rotas…componen ese entorno del alumno, ese entorno que se presupone que estará completo, sin carencias afectivas, económicas y ahora, unido a la incertidumbre. 

Con esto, mi objetivo se limita a concienciarnos aún más con la vida de las personas, no solo con la nuestra, valorando lo que tenemos, sino sensibilizarnos de lo que otros carecen. Comprender más y exigir menos. No solo las personas adultas sienten la intranquilidad y la presión de llegar a todo, con menos. Los jóvenes también sienten la presión del tiempo y la frustración por no llegar a un objetivo. Esos jóvenes que se les encasilla en una obligación, que es estudiar; cuando estos mismos, se han convertido y son un apoyo para su familia frente a las adversidades de la crisis actual. Pensémoslo, quizás ese alumno aparentemente vago que suspende los exámenes, pueda estar sufriendo una carga familiar llena de inestabilidad económica y emocional; o ese otro, no más ni mejor que el anterior, quien de primeras parezca ser el estudiante ejemplar, y deba estar sufriendo situaciones límite en su entorno. A esos alumnos frustrados, a los que se les recarga a estudiar y memorizar, cuando esa no es su única responsabilidad.